(LIMONES AMARGOS, Lawrence Durrell)
He terminado la Trilogía Mediterranea de Durrell que empecé el verano pasado en el que el Mediterráneo estaba tan cerca de mí, con la invitación al MD-Cetraro, y el fin de semana con Francesca y Francesco, y el lunes en la meca de las membranas, el Instituto de Tecnología de Membranas de la Universidad de Calabria y el CNR, y luego la semana descubriendo parte de Albania con Donantes. Porque dicha Trilogía comienza con una frase que lo enlaza todo: "En alguna parte entre Calabria y Corfú, comienza el azul.
Corfú es una isla griega frente a la costa albanesa. Hay albaneses que piensan que debería ser albanesa. Y eso no los contó unos días después de informarnos de la venta por parte del gobierno albanés de una isla enfrente del puerto de Vlöre a las empresas Trump, que ha dado lugar a la revolución de los flamencos, añadiendo la pérdida ecológica a la de la soberanía nacional que perdieron el año pasado ante las dictaduras de los mercados occidentales. Dictaduras que dan lugar a guerras como las actuales a las puertas de Europa, que observa casi indiferente.
Ayer asistimos a las noches lorquianas en el cementerio de Ciriego de Santander, una muestra de teatro, música y multitud al anochecer en ese espacio singular de recogimiento sobre el mar, donde está enterrado uno de los amigos de Federico García Lorca, Rafael Rodríguez Rapun (entonces se llamaban así, "amigos"), a falta del poeta cuyos restos todavía no se sabe donde los metieron cuando le asesinaron. Porque hoy más que nunca, es importante reivindicar la importancia de la cultura y la educación frente a la intolerancia y el salvajismo, o algo así. A ver si blogger me deja subir el reportaje de a yer:
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